domingo, 6 de mayo de 2012

Binomio Fantástico (Estantería y Cucaracha)


ESTÁN...............SÍ ESTÁN


Había un vez...Una estantería,...no,no que no puede ser. Un día que yo....no....
Estante...están, sí están. ¿Dónde? En la estantería, que no... las cucarachas que también están.
Suelen estar en todas partes, grandes, pequeñas, de distintos colores, que sí, hablo de las estanterías y de las cucarachas también.
Pero en sí ellas son para colocar, ordenar, guardar, exponer, ocultar...cajas, libros, fotos,...tesoros...o yo no sé lo que las otras (me refiero a las cucarachas) guardan, pero algo ocultan en sus laberintos y pasadizos secretos.
Grandes conocedoras de la historia ya que desde las primeras civilizaciones las cucarachas, escarabajos o similares simbolizaban a grandes dioses y eran adorados y protegidos. También conocedoras porque conviven con nosotros en nuestras raíces y cimientos.
En fin, nuestras conocidísimas cucarachas son conocedoras y vividoras, no como las otras, ahora sí me refiero a las estanterías que sí son conocedoras pero más bien sufridoras de la historia y relatos por soportar el peso de libros, enciclopedias....
Las tenemos en todas las dependencias de nuestras casas, centros de trabajo y ocio, sí las dos (unas las colocamos y otras se colocan).
No podríamos vivir sin estanterías. Libros que hemos leído o que no leeremos nunca, fotos, recuerdos de viajes o cosas que no sabemos que hacer con ellas,...¿dónde? a la estantería. Necesitamos ese orden, esas clasificaciones, lo primario-secundario, lo importante lo ignorado, los recuerdos...En el salón, dormitorio, baños, cocinas, trasteros..casa de campo, playa...sí ahí están, nuestro entorno está rodeado de estanterías, que no de cucarachas, perdón, que no cunda el pánico.
Ellas son muy independientes, y muchas, cómo se multiplican, las hay de diversos colores y vuelan.
Y digo yo, tontas no son ya que la etapa del año que más les gusta es el verano. Las vemos salir, corretear, esconderse....
Aunque es un ser vivo que no cae nada bien. Algunos de los que lean o escuchen esto les gustaría ser alguna vez en su vida como estos animalitos.
Independientes, escurridizos, difíciles de exterminar, ir a su bola, volar...
¿A quién no le gustaría no depender de nadie o de nada? Nada de horarios, estructuras, tareas, jefes... hacer lo que uno quiere, entrar, salir sin pedir permiso ni control...Saber salir de los peligros, problemas y dificultades que la vida nos platee, enfermedades...
Que no, que no, ni estanterías ni cucarachas. No nos gustan que nos manipulen, o que nos olviden como a las estanterías. Ni tampoco que nos pisen como a las cucarachas, o nos odien.
Ser uno mismo, quererse y luchar por lo que uno anhela. ¡Vivir y soñar!.

HAIKUS

No estamos solos
la esencia del amor
perdurará

El agua corre
serena pura clara
por el alma

Con desenfreno
la pasión y el amor
en juventud

viernes, 4 de mayo de 2012

POBRE RUMANO

            -Venga. Vamos. Llévate estos tres pedidos y rapidito que llevan retraso.

            -Pero tío, si acabo el turno en diez minutos.-Tras echar una ojeada a las direcciones, se quejó amargamente.-Joder! Si ni siquiera van a la misma zona... esto es una putada!

            -Pero, pero, pero... No te quejes tanto y dale caña a la moto o las pizzas llegarán frías y te quedarás sin propina.

            El encargado de Luigi´s Pizza no dejaba de atosigar a los repartidores. Encontrar un trabajo en estos días era difícil y él lo sabía.

            El repartidor salió escopeteado de la pizzería, metió la comida y los refrescos en el cajón de la moto, arrancó el vespino y aceleró enérgicamente para incorporarse a la calzada. Con las prisas y el cabreo no vio el frenazo que tuvo que dar un autobús par evitar llevarse por delante al repartidor y a su vehículo.

            -Será mamarracho!- murmuró el conductor del autobús mientras apretaba los dientes.

            El chico de la moto conducía casi por instinto mientras se mezclaban en su cabeza el camino más corto a la calle Geranio y la cara de cabreo de su chica por llegar tarde a su cita una vez más.

            A la salida del semáforo, el conductor del autobús no dejó pasar la oportunidad de devolvérsela y arrinconó a la moto cortándole el paso. Fue ahí cuando empezó el intercambio de lindezas.

            -Cabrón! Es que no me has visto?

            -Cállate, niñato de mierda!

            -¿Te crees que porque tengas un cacharro tan grande tienes derecho a todo?

            -Niñato! Tío mierda! Tú si que te crees el rey de la carretera con la mierda de vespino que llevas!

            Tras varios intercambios de frases, el chico, harto de insultos, de vaciles, de trabajo y hasta de novia, pensó en tomarse su día de furia o, en este caso, sus cinco segundos de furia. Aceleró. Colocó el ciclomotor delante del autobús y frenó bruscamente.

            Tan asustado como sorprendido por el cortocircuito mental del mozo, el conductor del autobús dio un volantazo a la vez que pisaba el freno como si lo fuera a sacar por debajo del vehículo. La maniobra evasiva llevó al autobús a invadir la cera y a empotrarse contra la parte izquierda de la fachada del Banco San Juan de Dios.

            Tras el ruidoso chirriar de los frenos y el atronador impacto siguieron 3, 4 segundos de tenso silencio. Luego, el murmullo y los gritos.

            El charco de sangre no presagiaba nada bueno.

            Por desgracia, Lionel Petrescu, uno de los miles de rumanos que habían llegado a este país buscando una vida mejor, estaba tan absorto tocando su trompeta que no oyó el frenazo ni vio llegar el autobús. El impacto cortó súbitamente la segunda estrofa de paquito el chocolatero. Las pocas monedas que le habían echado esa mañana en la funda abierta de su trompeta quedaron desparramadas al igual que sus sesos. Pobre rumano, ni siquiera le gustaban las pizzas.


            Marcos Arroyo Jávega.

CADENAS DE HUMO

Hace mucho tiempo que no te busco en las esquinas tenebrosas ni en los callejones de paredes agrietadas. Tampoco te busco en los bares de luces tenues y conversaciones banales. Hace tiempo que no pregunto por ti a los espectros de ojos hundidos, mirada perdida, olor rancio y zapatillas gastadas.

            Dejé de sentir la atracción de tus etéreas caricias. Perdí el deseo de volar contigo a los confines de mi imaginación, allí donde las pequeñas cosas cobran vital importancia y lo relevante se diluye en mares oscuros. Y no fue por vértigo, más bien por no alejarme de las personas que puedo echar de menos. Ya no cabalgo en tus lomos buscando los perpetuos e irresponsables sueños de los tontos.

            El recuerdo de tu aroma dejó de ser insoportable; ya no me siento como un zángano hipnotizado por las feromonas de la reina. Tus besos amargos, sabor a madera, intensos, fugaces, encauzando los deseos, atándolos con cadenas de denso humo que obligan a volver una y otra vez a dormir y no querer despertar. Ya no desespero sin tu presencia ni maldigo tu ausencia con palabras ásperas envueltas en nerviosa tensión.

            Cuando te fuiste me sentí como el leñador en el desierto... sin nada que cortar, sin nada que quemar. Aburridos días seguidos de largas y tristes noches. Y en ese espacio vacío decidí cambiar mi condición, soltar el hacha y coger la escuadra. Construí digna realidad con imaginación y tenacidad. Descubrí edificios de muros rugosos como la piel seca de una magdalena, jardines con flores de olores frescos y dulces, fuentes con chorros de agua que brotaban de enigmáticos peces. Aprendí a sonreir porque sí y a reir con ganas, a pasear con los pies descalzos sintiendo la humedad de la tierra.

            La tostada de la mañana sabe a mantequilla caliente y el café de la tarde amargo. Y por las noches me tumbo en la cama a cinco metros de mis hijos, al lado de mi mujer.

            Ya no te echo de menos. Ahora sueño en color.


Marcos Arroyo Jávega.

INVIERNO INCIERTO
(Técnica: sobre secretos)

Altas chimeneas en un cielo gris,
el  lejano tronar de una tormenta,
el pueblo apenas asoma
tras una elevada loma.

En pos quedó el silencio,
empieza a madrugar el día,
calles vivas, calles despiertas,
tierras mojadas y somnolientas.

Y yo con mi alma vacía
¡ay, disparatada vida!,
que viene, va y desvaría
sin abrigo, sin caricias

Chapoteo en mis entrañas
Buscando consuelo y abrigo
Me agarro a mi ser con saña
Quisiera olvidar y olvido.

¿Cuándo este invierno acabará?
¡Ay, qué espinoso existir!
¡Tengo que resurgir…
Mi alma despertará!

3 de Mayo de 2012


SEPTIEMBRE NO OLÍA A MANZANAS

SEPTIEMBRE NO OLÍA A MANZANAS
Aquel verano había decidido volver con su familia a aquella remota playa de su lejana infancia. Había pasado demasiados veranos en las gélidas tierras del norte; necesitaba, más que nunca, del sol y de la luz.
Volver le producía una enorme inquietud y un inmenso nerviosismo se iba apoderando de ella a medida que pasaban los días. Ansiaba pasear y hundir los pies en la arena caliente, zambullirse en las aguas bravas, revolcarse con las olas; quería hacer castillos con su hija, esculpir monigotes, ensartar conchas o seguir el surco de los cangrejos.
La última noche se había acostado demasiado tarde preparando las imposibles maletas. Escuchó el paso lento de las horas y solo consiguió dormir unas horas, enrollada como un ovillo, justo antes del amanecer
En el último instante, cuando ya el taxi las esperaba en la puerta para trasladarlas al aeropuerto, la pequeña Blanca saltó bruscamente del coche, atravesó el jardín escurriéndose entre las piernas de su madre mientras esta daba los últimos retoques: el gato a la vecina, el gas apagado, el cierre del patio echado…
-         ¿Se puede saber a dónde vas con tanta prisa, Blanca?
-         Voy a buscar a Kufi, ¡no la voy a dejar sola tantos días!
-         ¡Pero cómo te vas a llevar a Kufi, si la pobre está ya hecha una ….
Paró en seco, antes de terminar de decir ante su hija algo de lo que más tarde podría arrepentirse de haber dicho.
Llegaron un dorado día de septiembre. La abuela lo tenía todo preparado y la casa lucía resplandeciente: la había aireado para disipar el olor a cerrado; había repasado algún que otro desconchón; había lavado las cortinas, las fundas de los colchones, las toallas… y había colocado jarrones con flores recién cortadas en cada rincón.
Pero no olía a manzanas frescas. Un olor repugnante y nauseabundo impregnaba el ambiente, un olor que solo ella parecía percibir. Recorrió toda la casa olisqueando como un sabueso para encontrar el origen de aquella nube invisible que chocaba contra su nariz, pero no encontró nada. Tampoco dijo nada a su madre. Por el contrario, con un ¡”qué precioso está todo, mamá!, ¡menudo trabajo te hemos dado!”, intentó alejar dudas.
La pequeña apenas se detuvo, un breve momento apretada por el abrazo sonoro de su abuela, y salió corriendo hacia la orilla arrastrando a Kufi por alguno de los mechones de pelo que aún le quedaban.
No dio tiempo a nada. Mientras la abuela hablaba y hablaba contando los últimos acontecimientos del pueblo o rememorando inolvidables veranos de hacía tanto tiempo ya, la pequeña Blanca apareció ante sus ojos con los pies envueltos en una balsa viscosa, negra y brillante y Kufi, su muñeca bizca y coja, de pelo raído de tanta lavadora, cubierta de aquella masa pegajosa.
-         ¡Mamá, mamá! ¡Abuela!, ¡Se me ha caído Kufi!, ¡Mira! ¿Qué es esto?
-         Es chapapote, hija mía, el maldito y cruel chapapote. No me ha dado tiempo a deciros aún nada –dijo la abuela llena de tristeza.
-         ¿Chapa…qué? – contesto la niña.
Mientras la abuela explicaba a su hija lo ocurrido, la pequeña corría pasillo adentro gritando enfurecida:
-         ¿Chapa…qué?, ¡Chapamierda! ¡Esto sí que es mierda! ¡pura mierda!, ¿verdad Kufi?
-         No te lo quise decir, ¡tenía tantas ganas de veros! – susurró suavemente la abuela a su hija mientras la abraza.
Y juntas se adentraron hacia la cocina siguiendo el rastro de un humeante café.
CONCHA GARCÍA GUILLÉN

jueves, 3 de mayo de 2012

Escribir

LA RETIRADA

Precisamente ahora que estamos todos reunidos tengo la imperiosa necesidad de sentarme a escribir. Cuando más podría disfrutar de la compañía de toda la familia, cuando, en directo, podría mostrar mis dotes de narrador  , quizás conquistar a esa prima de Manuel que parece que me mira con ojitos, cuando, en definitiva, tendría la posibilidad de sentir la vida en ebullición, va y me viene este ataque de misantropía. Lo que para algunos es un don divino, para mí resulta una penitencia, qué digo una penitencia, esto supone una condena: incapacidad de disfrutar de la compañía ajena, ensimismamiento continuo, tendencia a estar colgado de una nube, predisposición a parecer un loco despistado… estos son solo algunos de los inconvenientes que acarrea esto de, en lugar de vivirla, dedicarse a analizar la vida.
Ni que decir tiene que no pienso confesar cuál es mi intención: nunca comprenderían que los dejara por una actividad consistente en estar sentado delante de una pantalla de ordenador vacío de contenido. Tendré que empezar a poner cara de que me duele la cabeza, creo que mi mujer ya sospecha que de un momento  me voy a batir en retirada, vislumbro la contrariedad dibujada en esa mueca que le hace apretar la boca: lo siento, mi amor, una vez más tendrás que comprender y disculparme, esta amante continua que al principio mejoró nuestra vida conyugal (siempre te gustó que escribiera y más que publicara y, así ser la envidia de tus amigas), sientes que, ahora, está acabando con lo nuestro; quizás tengas razón, necesito pensarlo y escribirlo.
-          ¿Qué te pasa Luis, te encuentras mal?
-          Ya sabes, la cabeza, voy a descansar un rato, luego vuelvo.